jueves, 12 de enero de 2012

Performance


En lo que más avanza la civilización es en la perfección de los envases.
Ramón Gómez de la Serna, "Greguerías"


(...) parecería que el hombre moderno tuviese demasiados deseos, y que justamente su único problema residiese en el hecho de que, si bien sabe lo que quiere, no puede conseguirlo. Empleamos toda nuestra energía con el fin de lograr nuestros deseos, y en su mayoría las personas nunca discuten las premisas de tal actividad; jamás se preguntan si saben realmente cuáles son sus verdaderos deseos. No se detienen a pensar si los fines perseguidos representan algo que ellos, ellos mismos, desean. En la escuela quieren buenas notas, y cuando son adultos desean lograr cada vez más éxito, acumular cada vez más dinero, poseer más prestigio, comprar mejores automóviles, ir a los mejores lugares, y cosas semejantes. Sin embargo, cuando, en medio de esta actividad frenética, se detienen a pensar, hay una pregunta que puede surgir en su espíritu: Si consigoeste nuevo empleo, si compro un coche mejor, si realizo este viaje... ¿qué habré obtenido? ¿Cuál es verdaderamente el fin. de todo esto? ¿Quiero, en realidad, todas esas cosas? ¿No estaré persiguiendo algún propósito que debería hacerme feliz y que, en verdad, se me escapa de las manos apenas lo he alcanzado?. Cuando surgen estas preguntas se siente uno espantado, pues ponen en duda la base misma que sustenta toda la actividad del hombre, el conocimiento de sus mismos deseos. Por eso la gente tiende a liberarse lo más rápidamente posible de pensamientos tan inquietantes. Piensan que tales preguntas han venido a molestarlos a causa de algún cansancio o mal humor... y continúan así en la persecución de aquellos fines que siguen considerando propios.
"Atado para ser libre",
obra y fotografía de Peter Callesen
Y, sin embargo, todo esto apunta a una confusa revelación de la verdad: que el hombre moderno vive bajo la ilusión de saber lo que quiere, cuando, en realidad, desea únicamente lo que  se supone  (socialmente) ha de desear. Para aceptar esta afirmación es menester darse cuenta de que saber lo que uno realmente quiere no es cosa tan fácil como algunos creen, sino que representa uno de los problemas más complejos que enfrentan al ser humano. Es una tarea que tratamos de eludir con todas nuestras fuerzas, aceptando fines ya hechos como si fueran fruto de nuestro propio querer. El hombre moderno está dispuesto a enfrentar graves peligros para lograr los propósitos que se supone sean  suyos,  pero teme profundamente asumir el riesgo y la responsabilidad de forjarse sus propios fines. A menudo se considera la intensidad de la actividad como una prueba del carácter autodeterminado de la acción, pero ya sabemos que esa conducta bien podría ser menos espontánea que la de una persona hipnotizada o de un actor.
Conociendo la trama general de la obra, cada actor puede representar vigorosamente la parte que le corresponde y hasta crear por su cuenta frases  y determinados detalles de la acción. Sin embargo, no hace más que representar un papel que le ha sido asignado.













viernes, 6 de enero de 2012

El árbol de la vida

Salimos del cine y caminamos dos cuadras sin emitir palabra. Al rato, alguien dijo:

-Menos mal que vine con vos...no sé si podría callarme con tanta elocuencia con alguien más, y tampoco sé si hay alguna palabra que pueda decirse sin que resulte injusta de alguna manera...





(Bueno...si fuera necesaria alguna palabra sobre la peli, pase por aquí, que hay muchas y muy bien ordenadas)







jueves, 5 de enero de 2012



No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de sorportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme! 

Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado? ¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...

¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes, la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea,¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Fotografía de Henri Cartier-Bresson


Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.


Oliverio Girondo











miércoles, 4 de enero de 2012

El regalo

Tiene 8 años y la mirada luminosa. Sus pestañas siempre me hacen pensar en altísimos soldaditos de juguete (como los que tenía mi hermano cuando éramos chicos) que custodian, en una fila infinita y estrechamente equidistante, un tesoro invaluable
La tele estaba encendida; alguien había querido saber bien qué hora era y había quedado de fondo algún programa, uno cualquiera. Facundo Cabral hablaba calmo en un archivo, apoyado en la guitarra.

-Viste que no tenía ninguna pertenencia?, dijo alguien al pasar
-No?, le respondió distraídamente otro, casi de compromiso
-No. Ni casa, ni auto, ni muebles: nada de nada. Vivía en un hotel...creo que en microcentro
-Pero tenía plata, no?
-Debería tener, digo yo...

Todos siguieron haciendo lo que estaban haciendo hasta que, después de un rato, su vocecita indagó:

-Y entonces... por qué no tenía casa ni auto ni esas cosas?
-...quién?
-Ese señor, el que no tenía cosas...por qué no tenía cosas?
-...porque no las necesitaba, amor. Porque eligió no tenerlas. 








Sonará tonto, pero sentí que le hacían un regalo inmenso.






martes, 3 de enero de 2012

viernes, 23 de diciembre de 2011




                       Dijo:
                                                   Comed, este es mi cuerpo.
                                                  Bebed, esta es mi sangre

                                                  Y se llenó su entorno por millares
                                                  de hienas,
                                                  de vampiros.




Angel González,  "De prosemas o menos"






viernes, 16 de diciembre de 2011

Poemas plagiados


"Hay algo particularmente hermoso y natural en la poesía que nace del lenguaje porque el lenguaje nunca se acaba; no hay que salir a buscar o a comprar sus elementos, como lo debe hacer el escultor o el pintor con sus materiales. Está allí, inacabable, siempre; nunca agotable"

Ivonne Bordelois, La palabra amenazada


El Bienaventurado


Por corregir los Diez Mandamientos.
Por embellecer a Poncio Pilato y ponerle una cinta al sombrero.
Por reemplumar y dorar el ala derecha del Ángel de la Guarda.
Por renovar el cielo, pintar y ajustar las estrellas y limpiar la Luna.
Por avivar las llamas del Purgatorio y restaurar almas.
Por volver a encender el fuego del infierno, poner una cola al Diablo,
componer una pezuña y hacer varias menudencias a los condenados.
Por poner un Cardenal y varios arañazos al hijo de Tobías y limpiar su
saco de viaje.
Por limpiar las orejas a la burra de Balán y herrarla.
Por remendar la camisa al hijo de Tobías.
Por poner una piedra nueva a la honda de David, manchar la cabeza
de Goliat y alargarle las piernas.


(Es el texto de la factura que un pintor conocido como Potriquín pasó al cura de Corullón – España – por restaurar santos e imágenes de la Iglesia de Villafranca del Bierzo en 1931 y por lo que cobró la suma de 314 pesetas.)
Fotografía de Chema Madoz


Recogido por Esteban Peicovich en su libro "Poemas plagiados"





"Estos "Poemas plagiados" son una colección de sapos convertidos en príncipes, gracias a la mirada de un poeta. [...] Lo que Peicovich hace es transcribir genuinos poemas que ha encontrado, ya hechos, en los lugares más dispares. Proclama así que lo artístico acecha, más o menos patente, en lo escrito o lo dicho sin pretensión estética alguna. Y es que la poesía vive silvestre y muchas veces en los libros de versos es el único sitio en que no está”.

Del epílogo de José María Parreño






viernes, 9 de diciembre de 2011

Mundos

Si uno se pusiera a escribir todo lo que pasa en un segundo. Un solo segundo en este mundo de miles de millones de años. Uno solo. Podría volver a llenar la biblioteca de Alejandría.





La mosca de Toledo










jueves, 8 de diciembre de 2011

El otro yo

El del los alter ego es un tema muy tratado en la literatura en general. 
Nada nuevo traigo, es cierto, excepto que, como otras veces, hay momentos en que todos esos retazos que he leído o me han comentado respecto de un tema particular hicieran cita en mi sin que yo me de por enterada del todo, y así va una a atarse los cordones desprevenida y se encuentra con todas esas palabras de otro(s yo?ojalá!) mirándola con la curiosidad con que un niño mira una hormiga. Y se asombra, claro, porque una es muy distraída y no se había dado cuenta de que todas esas cosas eran lo mismo
Así que lo nuevo es que me sucede a mi, que después de todo no es algo que alguien más pueda decir en la historia de la humanidad en el mismo sentido en que yo lo digo...a menos que sea uno de mis otros yo, claro.


Una muy querida amiga les dice "sincronicidad" a estos momentos en que pareciera que todo nos hablara de un mismo tema. Yo los llamo coincidencias (soy muy poco original, a veces) o "convergencias". Incluso me siento crisol, de vez en cuando (un crisol muy risueño de serlo, eso sí), en que todos esos momentos se funden y exhalan sus vapores escenciales, que no es más que uno, el mismo. Siempre el mismo.
Como si fuera, de un tiempo a esta parte, época de decantación (como si existiera semajante cosa, primero, claro)
Así, un martes cualquiera me doy cuenta de que el de los alter ego es un tema que se me ha cruzado varias veces en el camino aunque con diferentes colores:


Lo aborda con tierna simpleza Benedetti en "El otro yo"


Borges en "Borges y yo"


Poe en "William Wilson"


el paradigmático y "Extraño caso del Dr. Jekyll  y Mr Hyde" de Stevenson


y "El doble" de Dostoievsky


Serrat y Tarrés lo cantan un poco


lo toca Dolina, con el histrionismo de siempre, en su cuento "Novia"


En diferentes sentidos, es cierto, pero aún así.
Incluso puede verse sin mucho esfuerzo (aunque sí es necesario llevar bajo el brazo alguna bonachona holgura conceptual) en infinidad de textos de Cortázar, tan hábil para traspasar en cualquier ochava las fronteras de la identidad hacia cualquier territorio; tan presto a preguntarla (pienso en "los amantes", curiosamente, aunque no es su texto más obvio en este aspecto, pero lo mismo pienso en eso), y tan de tantas maneras


Desdoblamiento, coexistencia, intercomunicación o soledad compartida...depende del caso
Polaridad, podríamos pensar (y mi amiga vendría a decirme que no existen los contrarios sino los complementarios, y yo pensaría en una soga con sus dos extremos y en todo lo que hemos hablado del tema desde tantos costados, y entendería lo que me dice y asentiría un poco). 


El tema del alter ego como una textualización (existe esa palabra?) de esa "vocecita interna" de la que tanto se habla, y la pregunta inevitable, la que esboza Borges magistralmente al final de "Borges y yo":
"No sé cuál de los dos escribe esta página"


Cuál de los dos?
Cuál de todos?
O todos?
Y a qué responde en todo caso la multiplicación, el desdoblamiento, la escisión (e inevitablemente, de nuevo: es natural?)?


Y, sobre todo...qué tienen en común todos los que soy?