miércoles, 5 de octubre de 2011
martes, 13 de septiembre de 2011
viernes, 9 de septiembre de 2011
Hilos
La inconexión es el aniquilamiento
José Ortega y Gasset, "Meditaciones del Quijote"
José Ortega y Gasset, "Meditaciones del Quijote"
El hilo que enhebra "Babel" es lo que la sostiene erguida.
Es gracioso porque lo pienso e inmediatamente me figuro a la torre del mito/alegoría como un altísimo edificio de tela sostenido por hilos de tanza, como una enorme marioneta endeble o una escenografía, y me gusta todavía más.
Y es un hilo que traspasa muchas capas, como un parto circular.
Y ya que la torre era -dicenquedicen- circular, me da más risa mi idea. Como un laberinto cretense vertical, helicoide volátil e infinita (cómo me gusta enredarme en las palabras, no hay caso...)
Amo los buenos títulos. Una buena película, un buen libro, una buena foto, una buena obra, en general -dentro de mi particularidad- se hunde, emerge de un buen título. No es que sea excluyente, pero es lo que hace que la boca quede benditamente abierta para que escape el aire del asombro ante la genialidad de una síntesis exacta; un título como la latencia de una supernova, como el primer segundo, o el último, de la explosión.
Un título que a la vez completa y resume, encripta y abre; bisela. Como una flecha-búmeran (...que sería un invento muy poco afortunado, ahora que lo pienso. Menos mal que no se me dio por el armamentismo: crearía batallones de incautos suicidas y me quedaría sin trabajo enseguida)
La obvia incomunicación (en el universo privado, de lo que hablamos realmente cuando hablamos de soledad) a la que el título acude en un quiebre del sentido de los lenguajes, de los diferentes lenguajes (uno visual, uno táctil, por qué no), de las distancias, de los idiomas, de los espacios, de la cercanía, de la pertenencia, lo conocido, lo callado, lo aparente, es el hilo. Un quiebre de sentido que expone la médula: la soledad. La voz estéril.
Un hilo que luego se tensa y deja caer la escenografía, tal vez, en algún caso, para reconocer ese centro que, como todo, no tiene un fin unívoco: es el uso elegido (enseñado, creído, aceptado sin más?) que damos a algo determinado lo que determina, en fin, su finalidad (...no hay caso....)
"Babel" es un nombre insuperable para la película muy ídem que con tan poca elocuencia pero con mucho énfasis, recomiendo.
Lamentablemente no pude encontrarla subtitulada (nunca me gustaron mucho los doblajes), pero aquí queda el trailer en castellano
domingo, 4 de septiembre de 2011
Cambios
A veces pienso incluso que la historia universal sucede a no más de veinte metros de cada uno. Y que es ahí, en ese breve territorio, donde puedo intentar alguna cosa
Luis Gruss en la revista Latido, nº 6, "Cambiar de vida"
martes, 23 de agosto de 2011
Distancias
Vivían en un departamento, primer piso, izquierda, subiendo una escalera bordó que siempre estaba fría, en un inmenso conglomerado de cemento en donde el sol se ponía a las 4 pm si sólo tenían ventana al patio interno. Desde una ventana se veía el estacionamiento, del otro lado, la plaza, sin un granito de arena ni un árbol. Aprendieron a matar a cuanto alien de Ben10 encontraran en la tele antes de saber qué era que un amiguito los viniera a buscar para salir a jugar.Hace dos años se mudaron a Barreal, un pueblito en la provincia argentina de San Juan, a más de 1100 km de donde vivían.
Hace mucho menos que eso ella me contó que se mudaron varios chicos cerca de su casa, de mas o menos la edad de sus hijos: ahora son siete y parecen un malón miniatura corriendo por las calles de tierra, cruzando alambradas y haciéndose "patita" para trepar a los árboles. Y también me contó que un día de esos todos se disfrazaron de superhéroes y fueron, casa por casa, golpeando las puertas para preguntar si alguien necesitaba ayuda.
sábado, 20 de agosto de 2011
Hasta cuándo?
La mentalidad científica quiere que todo tenga explicación, incluso lo maravilloso. Qué le vamos a hacer tal vez sea así; pero entonces, apenas se acepta resignadamente esta supuesta conquista total de la realidad, lo maravilloso vuelve desde pequeñas cosas, lo insólito resbala como una gota de agua a lo largo de una copa de cristal, y quienes merecen el comercio con esas mínimas presencias olvidan la sapiencia y la conciencia y la ciencia para pasarse a otro lado y hacer cosas como por ejemplo escuchar la tos de una señora alemana. En 1947, poco después del fin de la guerra, Wilhelm Furtwängler dirigió un concierto entre las ruinas de una Alemania derrotada, que la mayoría de sus vencedores empezaban a rehabilitar al oeste después de haberla repudiado al este. También Furtwängler había sido repudiado en un principio por su condescendencia frente a la me(ga)lomanía de Adolfo Hitler, tras de lo cual parecía de buen tono rehabilitarlo; así terminan muchas guerras, lo cual explica que un tiempo después vuelvan a desatarse, pero no es de eso que vamos a hablar sino del concierto en el que Yehudi Menuhin, invitado por las fuerzas de ocupación, tocó esa noche el “Concierto en Re” de Beethoven que el ilustre Furtwängler sacaba una vez más de su jaula para mostrar lo que era capaz de hacer con ése imperecedero leopardo de la música. La RIAS (sigla de la radio alemana) difundió el concierto y además lo grabó con los medios técnicos disponibles en ese momento, que no eran muchos. La grabación (¿disco, alambre, cinta magnetofónica?) quedó en los archivos hasta que el otro día, más de treinta años después, fue prestada a la radio francesa que la prestó a su vez a mi receptor sintonizado en France?Musique. Un argentino en París escuchó así a una orquesta alemana y a un violinista judío que tocaban bajo la batuta de un muerto; todo eso, que hubiera sido perfectamente incomprensible hace menos de un siglo, formaba y forma parte de lo ordinario, de lo que la ciencia explica a los niños en las escuelas; todo eso era cotidiano, simplemente apretar unos botones e instalarse en un sillón.
Tal vez Menuhin no tocó jamás el concierto de Beethoven como esa noche; le sobraban razones para hacerlo tan prodigiosamente en el mismo lugar donde habían sido exterminados siete millones de judíos y donde acaso algunos de sus exterminadores se sentaban en las plateas del teatro y lo aplaudían frenéticamente. Del concierto en sí, de su Intérprete y de su director, solo puede hablarse con admiración, pero no es de eso que hablamos sino de ese instante, creo que en el segundo movimiento, en que un “pianissimo” de la orquesta dejó pasar una tos, un solo golpe seco y claro de tos que no habría de repetirse, una tos de mujer, la tos de una señora que cualquier cálculo de probabilidades definiría como la tos de una señora alemana.
Durante más de treinta años esa pequeña tos anónima había dormido en los archivos de la radio; ahora reiteraba su diminuto fantasma en millares de oídos que escuchaban un concierto en otro tiempo y otro espacio. Imposible saber quien tosió así esa noche; ninguna ciencia, ningún caballero Dupin podría rastrear su origen. Sin la menor importancia, sin la más pequeña significación, esa tos se repitió multiplicada por infinitos altavoces para recaer instantáneamente en la nada; pero alguien que acaso nació para medir cosas así con más fuerza que las grandes y duraderas cosas, oyó esa tos y algo supo en él que lo maravilloso no habla muerto, que bastaba vivir porosamente abierto a todo lo que habita y alienta entre lo concreto y lo definible para resbalar a otro lado donde de pronto, en la enorme masa catedralicia de un concierto beethoveniano, la breve tos de una señora alemana era un puente y un signo y una llamada. ¿Quién fue esa mujer, dónde se sentó esa noche, está aún viva en alguna parte del mundo? ¿Por qué esa tos hace nacer estas líneas en otro tiempo, bajo otro cielo? ¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo que lo maravilloso no es más que uno de los juegos de la ilusión?
"La tos de una señora alemana", Julio Cortázar, Diario Clarín del 7/06/1979
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| Fotografía de Chema Madoz |
"La tos de una señora alemana", Julio Cortázar, Diario Clarín del 7/06/1979
viernes, 15 de julio de 2011
"Cómo fotografiar un hueso"
Me llega un mail con la nota.
"Yo no sé si tendrìa los huevos para fotografiar como ella", me dice. Frunzo el ceño porque sé que la persona que me envía el mail no sòlo tiene "los huevos" sino todo el corazón, en todo. Y eso también se ve en sus fotos. Pero bueno, qué sabe uno de lo que sabe, me digo
Luego, leo
Luego, entiendo
Luego me dan ganas de aplaudir.
Pero mejor sonrío y pienso y comparto, que tal vez sea un poco màs productivo:
"Yo no sé si tendrìa los huevos para fotografiar como ella", me dice. Frunzo el ceño porque sé que la persona que me envía el mail no sòlo tiene "los huevos" sino todo el corazón, en todo. Y eso también se ve en sus fotos. Pero bueno, qué sabe uno de lo que sabe, me digo
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| Fotografía de Adriana Lestido |
Luego, entiendo
Luego me dan ganas de aplaudir.
Pero mejor sonrío y pienso y comparto, que tal vez sea un poco màs productivo:
-Uno no es una máquina -explica-. Antes de hacer algo, uno está obligado a preguntarse: ¿Para qué lo hago? ¿Para estar en el candelero? ¿Para hacer una muestra por año? ¿Para que no se olviden de mí? ¿O se trata de una necesidad vital, evolutiva? Yo estoy todo el tiempo en frecuencia creativa, pero por ahí paso mucho tiempo sin hacer una foto. Y no me preocupa. No soporto la pregunta "¿en qué proyecto andás?".Lestido resopla.
-Y yo no ando en nada, qué sé yo: estoy mirando el amanecer. Y la verdad que eso me alimenta más que montar una escena de creación sólo para que se suponga que estoy haciendo algo. Frente a tanta imagen y tanta nadería, prefiero preguntarme: ¿Llego al hueso con lo que estoy haciendo? ¿Me transforma lo que hago? ¿Podría vivir sin hacer lo que hago? ¿Entonces para qué lo hago? ¿Puede transformar al otro lo que hago? ¿Puede sentir propias las imágenes? ¿Le da ganas de hacer fotos? Ése es el compromiso que uno debe asumir.
-El compromiso del arte entonces es con uno mismo.
-Sí. Hay una malversación del concepto de arte y de compromiso. Creo que el compromiso tiene que existir, pero con uno. Uno tiene que saber detenerse. Todo es cuestión de parar, vaciarse y hacer espacio para llegar al hueso. La creación para mí es eso: espacio y limpieza. Para mí no existe la página en blanco: la página está llena de cosas y tengo que depurar para poder conectarme. Yo me conecto desde el vacío y eso lleva muchísimo trabajo.
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| Fotografía perteneciente a la serie "Madres e Hijas" (1995-1999) de Adriana Lestido |
viernes, 8 de julio de 2011
Esa batalla
Pocas cosas quedan de esos tiempos (breves y lentos, como casi todos los vértigos cuando se los mira pasado el temblor; como un paréntesis): el recuerdo de un muchacho del que me gustaban hasta los agujeritos de su camiseta, un patio con hormigas negras, la sensación de sentirme adulta e intrusa en cualquier rincón de la facultad, como si ellos no supieran que yo no tenìa nada que hacer ahí y, sin embargo, ahí estaba. Un aula muy pequeña, las once de una noche pesada, una ventana abierta y la lluvia que se mezcla con el humo de los cigarros. Abelardo y Eloísa. El bar de enfrente; aprender a tomar "una lágrima". La transfiguración de la palabra "compañeros" en 20 cosas distintas en menos de dos horas -inocencia, malicia, estupidez o vagancia mediante-. El concepto de "cristalización de la realidad". La emoción de ver a la gente discutir apasionadamente sobre los fundamentos del Ser en los pasillos de un jueves cualquiera ("cómo nadie me había dicho que este mudo también existe?")
Y, hoy, Gregorio de Nisa (por qué será que me acuerdo ahora de ésto?): su idea de el hombre como límite entre lo terrenal y lo divino, entre lo temporal y lo eterno; habitando un territorio que le es propio y que ningún otro ser en el universo comparte. Descubrir la idea del hombre como espacio, como frontera. Que haya una forma de entendernos donde se nos de ser apenas un límite.
Y la fascinación de pensar que en ese límite (ese espacio, esa línea tan inmensa que si uno la mira desde el centro mismo sólo alcanza a ver horizontes) se desarrolle todo
Esa batalla
¿Cómo compaginar
la aniquiladora
idea de la muerte
con ese incontenible
afán de vida?
¿cómo acoplar el horror
ante la nada que vendrá
con la invasora alegría
del amor provisional
y verdadero?
¿cómo desactivar la lápida con el sembradío?
¿la guadaña
con el clavel?
¿será que el hombre es eso?
¿esa batalla?
Mario Benedetti
Y, hoy, Gregorio de Nisa (por qué será que me acuerdo ahora de ésto?): su idea de el hombre como límite entre lo terrenal y lo divino, entre lo temporal y lo eterno; habitando un territorio que le es propio y que ningún otro ser en el universo comparte. Descubrir la idea del hombre como espacio, como frontera. Que haya una forma de entendernos donde se nos de ser apenas un límite.
Y la fascinación de pensar que en ese límite (ese espacio, esa línea tan inmensa que si uno la mira desde el centro mismo sólo alcanza a ver horizontes) se desarrolle todo
Esa batalla
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| Niños jugando en las ruinas. Sevilla, España, 1933 Henri Cartier-Bresson |
la aniquiladora
idea de la muerte
con ese incontenible
afán de vida?
¿cómo acoplar el horror
ante la nada que vendrá
con la invasora alegría
del amor provisional
y verdadero?
¿cómo desactivar la lápida con el sembradío?
¿la guadaña
con el clavel?
¿será que el hombre es eso?
¿esa batalla?
Mario Benedetti
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